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ANTES DE LAS ELECCIONES DEL 24/10/99

El 24 de octubre habrá que volver a las urnas para elegir presidente. Ninguno de los posibles ganadores ofrece alguna alternativa tentadora para los trabajadores. Peor aun: sostienen un discurso aparentemente antagónico pero expresan los mismo. Reivindican el modelo neoliberal de estos años, el que dejo a la Argentina de rodillas ante los organismos internacionales, a los argentinos sin trabajo, al aparato productivo en manos de los grandes grupos multinacionales y a la economía destruida y en recesión. Como en el celebre tango de Discepolo, nada es mejor, todo es igual.

Tras diez años de neoliberalismo a los argentinos solo les queda un país con su economía destruida.

Salvo los dictadores consumados, ningún presidente sudamericano legitimo ha logrado gobernar ininterrumpidamente durante el 10 por ciento de un siglo. La excepción es Carlos Menem, que asumió en julio de 1989 y recién traspasara el mando el próximo 10 de diciembre. En esta década –tanto tiempo para un país de economía dependiente y vulnerable y democracia frágil- todos sus actos estuvieron dirigidos a imponer un programa neoliberal y modelar un estilo de ejercicio de la función publica que le permitieron conformar una herencia que incluye deudas en todos los planos.

Tras una década, manen deja a la Argentina económicamente destruida, políticamente postrada y socialmente enferma. Tan es así que la tarea de reconstrucción a la que deberá abocarse quien lo suceda será difícil de concretar en los próximos cuatro años, mas allá de que los dos candidatos con expectativas –de la rua, Duhalde- se presentan con un discurso que elude hacer blanco en el punto central: modelo económico que ambos rescatan como valido por haber acabado con la inflación, olvidando que fue así pero al precio de dejar un país productivamente paralizado, sin industria propia, enajenado, endeudado, de rodillas ante los organismos internacionales y, sobre todo, con índices de marginalidad social jamas vistos.

"A la economía le ha ido bien, ahora hace falta que también le vaya bien a los hombres", dice el justicialista Duhalde, la versión maquillada del Menem, el instaurador del neoliberalismo racionalmente salvaje padecido por el país en esta ultima década. Con el deseo de no ganarse antipatías de la pequeña minoría beneficiaria del modelo, el aliancista de la Rua no se ha animado a preguntarse, siquiera, que seria de la economía sin los hombres, o al servicio de quien esta la economía en un régimen justo.

SUMISION. Quizás la raíz de los males haya que buscarla en la forma de relación establecida con Estados Unidos (las "relaciones carnales", como las llamo el canciller Guido di Tella), que hizo posible el generoso trato dado por los organismos para endeudarnos mejor y el establecimiento de unas relaciones comerciales mas que negativas. En esta década, mientras el gobierno apoyaba una a una las decisiones que convirtieron a la Naciones Unidas en un apéndice de la Casa Blanca, los grandes grupos multinacionales se fueron devorando todos los sectores de la economía nacional.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas Censos, el 40 por ciento del abastecimiento interno de todo tipo de bienes esta concentrado en 500 empresas. De ellas, 351 (el 70%) son extranjeras. Constituyen apenas el 1 por ciento del total de compañías registradas, dominan el 65 por ciento de los exportaciones, en los últimos cinco años acrecentaron sus ganancias en un 69 por ciento y en solo un año despidieron a 63 mil de sus trabajadores. De las 351 compañías extranjeras el 43 por ciento tiene sus casas matrices en Estados Unidos. La estadística no incluye al sector bancario, dominado en casi totalidad por capitales externos.

A más de haber endeudado al país hasta extremos que hoy exigen que solo por el pago de intereses se deba disponer de 10 mil millones de dólares anuales – la mitad del ingreso por exportaciones- la mitad del ingreso por exportaciones-, Menem entrego a los capitales extranjeros todas las empresa de propiedad estatal, desde los viejos canales de televisión hasta YPF, la mayor compañía nacional y la tercera petrolera sudamericana. Pero a la hora de comerciar, y pese a las "relaciones carnales", la Argentina no recibió un trato equivalentemente generoso.

DESEMPLEO. Por el contrario. En el periodo 1990/98 (se consideran solo los años completos del gobierno de Menem) las exportaciones de Estados Unidos al mercado local crecieron un 672 por ciento. En el mismo lapso los envíos argentinos hace el gran mercado del norte aumentaron solo un 33 por ciento, en parte por la imposición norteamericana de cupos y en parte por la existencia de 2.487 barreras arancelarias que traban el ingreso de productos argentinos a aquel destino. Para graficar mejor: la argentina es el proveedor número 216 de Estados Unidos pero es su comprador 25. ¿Y que es lo que se importa para explicar semejante asimetría? De todo: desde bienes de capital hasta preservativos. Ante la falta de incentivos a la industria local, esas importaciones han acabado con la pequeña y mediana, empresa, tan explotadora de los grandes trabajadores como las grandes multinacionales pero generadora del 65 por ciento de los puestos de trabajo.

Es así que el futuro gobierno habrá de encontrarse con un índice de desocupación que superar el 17 por ciento (oficialmente era de 14,2 a mayo) de una población económicamente activa de 13,5 millones de personas. A ello deberá agregarse una subocupación que, según todas las estimaciones, superara el 32 por ciento. En total, algo más de 6 millones de personas padecen graves problemas de trabajo. El 13 de setiembre el ministro de Trabajo, José Uriburu, lo reconoció casi como si fuese una simple anécdota. En un seminario organizado por el Consejo de Rectores de las Universidades privadas dijo que "la desocupación ha sido la variable de ajuste" del actual proceso económico. Sin asumir responsabilidades dijo que los "éxitos" del modelo acarrearon desocupación. Y enumero lo que, a su juicio, son las causas: "la reestructuración del Estado, la necesidad de hacer competitiva la economía y los diversos ajustes que se debieron aplicar"

LAS DEUDAS. Eso no es todo. La herencia menemista incluye una deuda publica interna de 120 mil millones de dólares, una deuda externa de 110 mil millones (que crece a un ritmo del 10 por ciento anual), otros 15 mil millones de dólares por distinta deudas de cancelación expresamente pospuesta (juicios contra el Estado, adelantos presupuestarios a organismos dirigidos por los mas íntimos del presidente, cobro por adelantado de impuestos correspondientes al primer semestre del año 2000) y un déficit comercial superior a los 5 mil millones anuales. A ello debe sumarse una ola de aumentos de hasta el 80 por ciento en las tarifas de los servicios públicos, producto de generosas renegociaciones realizadas con los concesionarios de las empresas privatizadas (en especial las líneas ferroviarias, que además seguirán recibiendo un subsidio de 1.300 millones de dólares)

A fines de agosto, la Suprema Corte de Justicia de Menem le reservo al futuro gobierno un legado inesperado. Para satisfacción del Poder Ejecutivo laudo a favor de alrededor de 20 mil oficiales retirados de las fuerzas armadas que habían formulado un reclamo por supuestas malas liquidaciones de sueldos. En total, el nuevo gobierno deberá hacer frente al pago de 4.000 millones de dólares. Como los militares constituyen el único sector de jubilados que tiene derecho al cobro de un haber igual al de su pares en actividad, desde el año que viene se agregaran unos 6000 millones al presupuesto de gastos de personal de las fuerzas armadas.

AUTORITARISMO. En lo estrictamente político, Menem inauguró y consolidó una forma autoritaria de gobierno, en la que frecuentemente, y con la anuencia del Poder Judicial, ha prescindido del Poder Legislativo. Estableció algo así como un régimen monárquico con ciertas libertades formales pero donde todo –especialmente los bienes del Estado- se maneja a discreción. Como ejemplo, valga que a fines de junio el presidente decidió regalar –por iniciativa personal y sin que mediara resolución expresa de ningún órgano de gobierno- un avión de 3 millones de dólares de costo para los desplazamiento del mandatario boliviano Hugo Banzer. Menem negó el hecho, pero allí estaba Fokker con la bandera boliviana y la leyenda República de Bolivia pintadas en la cola.

Pero eso es, apenas, una anécdota. Durante esta década el presidente lleva firmados 238 decretos "de necesidad y urgencia", una figura institucionalizada con la reforma constitucional de 1994 pero aun no reglamentada. Con ellos, por ejemplo, el presidente privatizo la red nacional de aeropuertos, se atribuyo potestades indelegables del Congreso (como todo lo relacionado con aspectos impositivos) y con su sola firma ha hecho concesiones tales como la donación de 3 mil toneladas de portland para la construcción de un tramo carretero en Bolivia o la autorización para que en plena reducción de gastos, la por entonces todavía estatal YPF pusiera 8 millones de dólares en publicidad en la motonave de Daniel Scioli.

LOS ELEGIDOS. En un recuento seguramente incompleto de la herencia menemista, no puede eludirse una referencia a la modalidad frívola de abordar y hacer la política. Algunos malos artistas, ciertos deportistas que alguna vez accedieron al éxito y muchos de los genocidas de la ultima dictadura han acompañado y acompañan al presidente.

Por algún modelito exclusivo encargado a una modista amiga, por créditos oficiales dados a empresas quebradas (pero de amigos), por una cirugía plástica realizada para eliminar patas de gallo o simular las muy humanas arrugas, muchos de sus funcionarios de mayor confianza están procesados o en vías de serlo por haber cargado semejantes gastos al presupuesto del Estado.

Mientras Menem y sus funcionarios rendían culto ala frivolidad en el país se fue conformando una dolorosa realidad. Según el Banco Mundial, durante la década menemista el 10 por ciento mas rico de la población se ha quedado con mas del 35 por ciento del ingreso nacional. En el otro extremo, el 40 por ciento más pobre apenas participó del 14 por ciento de la renta. Si a semejante cuadro social se agregan los millones de desocupados y subempleados y la admisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que el país esta en recesión y lejos aun de iniciar un periodo de leve repunte, se puede comprender que de toda la herencia menemista, lo que resultará más difícil de abordar, y solucionar, es el legado social.

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